Lemon Tree
Llegas a Sydney con el fin de conocer su parte mas iconica. La Opera House, este edificio iconico, gajos e blanco que dominan el paisaje. Pero la primera que la vi me parecio pequeña, un poco timida porla lluvia matinal y por supues
to solitaria cuando son las 7 de la mañana del lunes . Pero para mi son las 5 de la tarde del domingo luego de viajar 30 horas por el tiempo, pasar de hemisferio, cruzar de estación, cambiar de día, tres veces de avión y llegar a una Australia remota, tan lejos de cualquier lugar del mundo, pero finalmente el continente más seductor de todos y hay que explica por que.
Pues bueno con toda la energia que se tiene cuando uno esta acostumbrado a las tardes de juerga y las noches de fiesta. Sydney me parecia un pastel con estos gajos de naranja suculentos listo para ser devorado. Una vez botadas las maletas, regreso a la Opera House. Ya son las 8 y las tiendas, cafes, bares y la estacion de ferrues Circular Quay empieza su trajinar diario. El mio es el de un "turista caminatus", al mismo que todo le parece novedad, el mismo que toma la foto del australiano o auusie comprando su boleto de ferry, el que pide un espresso en la pizzeria, o los que caminan rumbo a los mercados callejeros asentados en las calles. Todo es novedad y no porque en realidad lo sea sino porque, el solo hecho de estar a tantos miles de kilometros de casa, hace que te sientas como en otro mundo. Aqui si gritas es poco probable que te escuchen. En Australia, como nunca, te sientes totalmente desamparado a merced de la postal epica del canguro, de la tierra grande y a la vez tan desolada.
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